Plásticos oxodegradables: ¿“solución milagrosa” o material prohibido?

Plásticos oxodegradables: ¿“solución milagrosa” o material prohibido?

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La prohibición del uso de plásticos oxodegradables en la Unión Europea, que rige desde julio de 2021, abrió el debate acerca de su impacto ambiental y de las implicaciones de esta decisión en otros territorios. Así se proyecta en América Latina el uso de este material.


Reducir los residuos, ayudar a desarrollar una economía circular y promover un futuro sostenible para todos. Ese fue el objetivo con el cual la Comisión Europea, argumentando que entre el 80 % y 85 % de los residuos marinos en su territorio son plásticos –el 50 % de estos de un solo uso– y las pérdidas por esta causa se acercan a los 13 mil millones de euros anuales, prohibió a partir del 3 de julio de 2021 el uso en sus países miembros de cubiertos, platos, pitillos, agitadores de bebidas, entre otros plásticos de un solo uso.

La medida cobijó a los plásticos oxodegradables, que en palabras de Iván Darío López, director técnico y científico del Instituto de Capacitación e Investigación del Plástico y el Caucho –ICIPC–, son aquellos en los que se produce degradación por medio de un proceso de oxidación acelerado por temperatura y luz solar.

Esta decisión reavivó el debate sobre los oxodegradables, pues hay opiniones encontradas respecto a su impacto ambiental. Mientras en Europa los prohíben, varios países los promueven (Emiratos Árabes Unidos, Brasil y Arabia Saudita, por mencionar algunos) y en otros como Colombia el marco normativo aún es incipiente y ni los restringe ni los promociona.

Otra discusión se centra en si la tecnología oxobiodegradable puede surgir como una solución ante la prohibición del uso de los oxodegradables: un tema de mucho interés para las industrias que suelen utilizarlos en sus procesos productivos, en especial para atender sus necesidades de empacado.

Para entender las implicaciones de esta decisión y si esta pudiese tener incidencia en el escenario local en un futuro cercano, conviene primero aterrizar algunos conceptos relacionados con estas tecnologías y a partir de ese contexto analizar sus posibles consecuencias.

Las diferencias en la terminología

Ricardo Camacho, docente investigador de la Universidad del Cauca, y Héctor Samuel Villada, vicerrector de Investigaciones de la institución y director del Grupo de Investigación en Ciencia y Tecnología de Biomoléculas de Interés Agroindustrial (CYTBIA) del Departamento de Agroindustria de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad del Cauca, explicaron que ambos términos, oxodegradable y oxobiodegradable, fueron introducidos en la industria recientemente, por lo que hasta hace muy poco tiempo no aparecían en ningún marco normativo técnico o legal.

“La norma CEN/TR 15351 –que contiene una guía terminológica en el campo de los plásticos y polímeros degradables y biodegradables– define la oxodegradación como la degradación identificada que resulta del rompimiento oxidativo de las moléculas. De otro lado, la norma ISO 472 que se refiere al vocabulario de plásticos, menciona los plásticos oxidativamente degradables como aquellos en los que la degradación es resultado de la oxidación. En ninguno de los dos casos se emplea el prefijo ‘bío’”, dicen los académicos.

Agregan que fue en la directriz (UE) 2019/904 que incorporó el término oxodegradable, como aquel material al que se le incorporan aditivos que mediante la oxidación conducen a la fragmentación del plástico en micropartículas o a su descomposición química.

Estos aditivos pueden ser químicos como sales de metales, metales pesados, entre otros, con los que se busca acelerar la ruptura de los enlaces químicos mediante procesos de foto y termodegradación con intervención del oxígeno. Por otro lado, como lo comenta Iván Darío López, del ICIPC, aquellos que defienden la tecnología oxobiodegradable afirman que después de ese proceso de oxodegradación ocurre una biodegradación de las partículas resultantes, es decir, se convierten en su mayor parte en dióxido de carbono y agua, por la interacción con microorganismos.

El punto sobre el cual gira la discusión se centra en si la biodegradación por microorganismos es completa en entornos marinos y la disponibilidad de evidencia que confirme o descarte la eficacia de estas tecnologías. Iván Darío López comenta que a nivel internacional los estudios más relevantes sobre el tema han sido elaborados por el proyecto “Oxomar: Degradation, Biodegradation and toxicity of Oxo-biodegradable Plastics in the oceans”, que durante cinco años patrocinó la Agencia Nacional de Investigación de Francia (ANR, por sus siglas en francés).

Esto quiere decir que sí hay un proceso de biodegradación mucho más rápido que en los plásticos sintéticos que no tienen el aditivo, pero no hay evidencia de que sea lo suficientemente rápido para que llegue a una biodegradación del 60 % después de dos años en ambientes marinos, por lo que los plásticos oxobiodegradables no serían una solución a la prohibición.

La fundación Ellen MacArthur, organización mundial líder en temas de economía circular, ha sido aún más contundente en su posición, y en declaraciones públicas en su sitio web y en documentos oficiales a través de su iniciativa New Plastic Economy ha dicho: “Los envases de plástico oxodegradables no son una solución a la contaminación por plástico y no encajan en una economía circular”.

Según la fundación, si bien en la última década estos plásticos han sido llamados por algunos sectores para ser una de las posibles soluciones para evitar la contaminación del suelo y el mar, son pocos los expertos que respaldan esa propuesta y, en cambio, hay una amplia gama de representantes de universidades, instituciones internacionales y gubernamentales, laboratorios de prueba, asociaciones comerciales de plásticos, fabricantes, recicladores y transformadores, entre otros, que han aportado evidencias que señalan que, al contrario, estos no son aptos para su reutilización eficaz a largo plazo, para el reciclaje a escala o el compostaje.

“Al contrario, contribuyen a la contaminación por microplásticos y plantea un riesgo ambiental. Se comercializan como una solución para tirar basura al afirmar que son degradables: una declaración de marketing que tiende a confundir a los consumidores y al público en general y en realidad puede incentivar a tirar basura. En el medio ambiente se fragmentan en pedazos más pequeños, incluidos los microplásticos que si bien pueden ser invisibles a simple vista, permanecen en el medio, incluido el océano. Al igual que con todos los microplásticos en los ecosistemas, existe el riesgo de bioacumulación, incluso en los alimentos, con potenciales impactos negativos en la salud humana y el medio ambiente”, se lee en el documento de la Ellen MacArthur.

Para Héctor Samuel Villada y Ricardo Camacho, de la Universidad del Cauca, al no disponer de suficientes datos y evidencias sobre compostabilidad o biodegradabilidad en suelo de los oxobiodegradables, una gran cantidad de instituciones públicas y privadas coinciden en que el uso del apelativo oxobiodegradable, para el cual no hay estándares de especificación reconocidos, es una práctica inadecuada y recomiendan su prohibición.

El panorama en Colombia

Tras analizar a la distancia las determinaciones tomadas por la Comisión Europea, Daniel Mitchell, presidente de Acoplásticos, el gremio de las empresas del sector, opina que las tecnologías de los oxodegradables y oxobiodegradables se ha vendido como una “solución milagrosa” que tal vez tiene unos beneficios pero también riesgos que les han dado méritos para ser llevadas a las instancias regulatorias en algunos territorios como Europa.

En Colombia, Mitchell explica que aún no se ha llegado a dichas instancias, pero dentro del Plan Nacional para la Gestión Sostenible de los plásticos de un solo uso, presentado por el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial en junio de 2021, se les dedicó una de sus líneas de acción (la 1.5) a los plásticos oxodegradables.

En esta, y tomando como espejo la decisión de la Comisión Europea, se anuncia que “se adelantarán estudios o análisis científicos por instituciones independientes o la academia, que permitan establecer posiciones científicas sobre otras tecnologías de degradación del plástico”.

“Cuando uno hace el análisis del ciclo de vida del plástico frente a otros posibles productos sustitutos y a las alternativas plásticas biodegradables tiene un efecto ambiental menor en cuanto a emisiones de CO2 y el mismo proceso de degradación rápida genera emisiones nuevas. Hay algunos casos donde el uso de la bolsa biodegradable o el compostaje tienen una lógica como puede ser para la disposición de la basura orgánica.

Una posición similar a la de Mitchell tiene Iván Darío López, del ICIPC, quien añade que es cuestión de tiempo para que Colombia asuma posturas similares a las de Europa, dado que esta comunidad es la que ha venido marcando la pauta en temas ambientales sobre plásticos en el mundo. En su concepto, las organizaciones tendrían que seguir las recomendaciones que ofrecen entidades como la Fundación Ellen MacArthur y priorizar las alternativas de reducción, reuso (por lo cual algunos modelos de negocio deberían replantearse por completo) y reciclaje. Todo lo anterior, dice, sustentado bajo análisis de ciclo de vida, para siempre tomar las decisiones sobre bases técnicas y científicas.

“Al dejar de utilizar estos materiales, algunos modelos de negocio deberán replantearse completamente. Es por eso que utilizar plásticos oxodegradables es tan atractivo, porque solo debo añadir un aditivo sin migrar hacia un modelo de negocio circular” Menciona López. Y agrega: “Hay muchas normas de biodegradación. Si bien se puede verificar en diferentes laboratorios si un producto cumple con una norma específica, la pregunta que se deben realizar los dueños de marca es si el producto al disponerse en realidad va a estar sometido a las condiciones de biodegradación propuestas en dichas normas. Por ejemplo, la ASTM D6400 evalúa la compostabilidad de un bioplástico. La cuestión es si el producto terminará al final de su vida útil en las condiciones de compostabilidad industrial sugeridas en la norma, o de lo contrario es probable que no se biodegrade”.

Un asunto para analizar y tomar medidas para estar alineados con las tendencias globales en materia ambiental manteniendo la capacidad productiva y la competitividad.

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